El mundo me camina

Me veía los pies descalzos
entre cemento y espinas,
con las manos haciendo surco,
los muslos y brazos agotados
recorriendo errabunda.

Me veía desnuda,
despojada de vestidos,
soñando y despierta,
abrazando el mismo frío.
El sueño no era otro
sino ese delirio ingenuo.

Me veía desnuda
y siempre estuve
vestida de mundo.
Me veía descalza,
mientras, los zapatos,
simplemente eran pobres.
Y eso era calzar
en el lugar que el mundo
designó para mí y los míos.

Me veía buscando camino
mas, siempre anduve en alguno
de los trazados
desde mucho antes
de mi nacimiento.

Me veía intentando llegar al camino
creyéndome afuera,
ignorando que en cada paso
el camino hacía carne de sí,
en las plantas de mis pies
y se ensanchaba
hasta hacerse invisible en el horizonte,
con cada gota de sudor
que me arrebataba.

Me veía buscando camino
y cuando alcé la cabeza
cuatro décadas completas
con sus hijos y nietos,
con sus frutos y raíces,
no eran más que sombra
de pupilas ausentes,
recorridas por el mundo.

Me vi buscando el camino
todo el tiempo que su monstruosidad
me vestía de mordazas
y grilletes relucientes.
Me dibujaba signos indelebles
en el pecho y la frente.

Debía dejarme consumir por él,
hasta no ser más
que una traza de polvo
dibujada en su lecho,
para sacudir su sino
y reventar sus marcas
una a una.

Me veía buscando el camino
y mis miembros regados,
botín náufrago,
escuálida huella inerme
diseminada y subsumida,
recién se preguntan,
cómo salir de él.

 

.

 

 

 

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Toda vida importa

Cuando los que un día fueron esclavizados
alzaron la voz para decir que sus vidas también importaban,
que no era humano morir bajo permanente sospecha
entre palos y balas de sus esclavizadores de antaño,
no faltó la voz tan juiciosa y equilibrada, tan pacífica y santa,
que sin pensarlo dos veces ya tenía a flor de labios
la sentencia que borraba todo rastro de injusticia.

Toda vida importa.

Cuando las mujeres quemaron sus sostenes
y salieron a gritar a las calles,
para que ya los hombres dejaran de sacarle los ojos,
meterles las manos y los miembros por todo el cuerpo,
y culparlas por ello, y culparlas por todo,
y burlarse de ellas, y burlarles la vida.
porque ni  una menos.
No faltó el hombre justo y la mujer adecuada,
que tuvieran en la voz conciliadora y sensata,
como salto de resortera, nadie menos.

Toda vida importa.

Cuando dicen que toda, se cierra la escena de la vida
tras el telón de las palabras vaciadas y  prostituidas
y ya nadie ve, y ya a nadie le importa,
y podemos seguir con nuestras pequeñas vidas
asomados al titular matutino, como peatones a la vitrina
de las vidas que no importan, una vez más.
Y todo vuelve a estar en orden
porque podemos decirnos y repetirnos

Toda vida importa

.

Pleito lunar

 

Algo tiene en contra de mí la luna

que girando sobre su eje,

justo antes de tocar su punto más alto,

y encontrarnos cara a cara,

me alcanza a herir irremediablemente.

 

Traspasándome  tan profundo

con la pena universal,

que esta se clava en mi garganta

y se me hunde hasta las entrañas

donde algo frágil se rompe.

 

Luego de los tres días que tardo,

en recuperarme de su estocada,

la ignoro, como venganza estoica.

Por eso puede, volver contra mí,

con cada giro de su danza.

El hombre incomprendido

Tuve veinte mujeres
por veinte años
todas bellas y dulces.

Tuve veinte mujeres
y mi pelo se volvió blanco
entre la soledad y el alcohol.

Todas las veinte lloraron
veinte veces sobre la almohada
en mi cama al rincón.

Tuve veinte mujeres
todas locas e histéricas
que me difamaron.

Las veinte al mismo tiempo
estuvieron ausentes
y me dejaron solo.

Cavernaria

Ni dentro de la cueva ni fuera de ella,

hay lugar para un paisaje honesto.

Porque hacer, es partir hacia ninguna parte,

como si se conociera un destino próximo,

y quedarse, es solo perecer.

 

Me perderé dentro de este laberinto

en que la historia arrincona a los hijos de la melancolía,

toda temblorosa con mis preguntas,

sin diferenciar miedo de hastío,

con la luz tenue para que nada queme mis pupilas.

 

Con el cuerpo aclimatado a las ropas,

al té hirviendo, a todo lo que haga olvidar el frio,

me dejaré envolver en las penumbras

sin oponer ninguna resistencia a este sucedáneo de paz.

Partida en dos, me quedaré ausente.

 

Ni dentro ni fuera estoy entera,

cada día algo es traicionado y alguien llora,

cada año está más lejos el sol y alguien ya no llora más.

Las hojas vuelven a caer, pero esta vez no se verlas,

mis ojos se han extraviado en el ciclo eterno.

 

No me atrevo a interrogar siquiera

por el valor de una batalla, una vez perdida.

Antes de partir, el héroe abraza la tragedia,

y al amanecer ya ha olvidado sus plegarias.

Solo los niños pueden perdonar a Dios.

Ladrón que roba a ladrón

Traemos palabras porque todo lo demás ya nos fue robado

en nuestros bolsillos solo hay deudas y deudos

y un encendedor por si un cigarrito

y fumarnos las ganas de incendiarlos a ustedes

con sus lujos y alhajas

con su farsante estampa de superioridad

ganada con raspados de olla.

 

Nosotros solo soñamos con compartir el pan

y ustedes soltaron a sus perros demoniacos

a una persecución sin tregua sobre nuestra carne.

Las calles de cada ciudad y cada pueblo olieron a carne chamuscada

a perro rabioso cargando balas y lumas

a cuartel secreto de torturas.

 

Ahora  ustedes, SOQUIMecherros, PENTAladrones

con los bolsillos llenos de bancos suizos

quieren parecer ladrón que roba a ladrón,

y canjean su penitencia por un pasaje del transantiago.

 

Pero no somos iguales,

nosotros venimos con palabras como lirios

como sueños humanos y canciones tristes,

con palabras intraducibles en sus calculadoras.

Venimos con llamaradas iracundas

a escupirles nuestro desprecio

a levantar contra ustedes nuestro dedo sin montajes.

 

Traemos tanto trabajo en las manos,

tanta hambre de justicia,

tanto apaleo en las cuentas de fin de mes,

que nos bastará solo venir todos hasta sus casas

para que la espada de Damocles

termine lo que ustedes comenzaron.

 

Nos bastará esta palabra, multiplicada como espuma

porque ustedes no tienen vergüenza y nosotros sí.

Camaradería

Camaradería

Me gusta la camaradería,
los encuentros de copas que se llenan mil veces
entre versos, citas, corolarios.

Ya me saqué de encima los adornos,
me lavé la cara, me puse de cabeza a leer,
me envolví de silencio para dejar adentro,
libres y sueltos los gritos
y también los murmullos.

Yo busco la idea, voy tras ella.
Tras de mi corre el romanticismo
y yo le huyo, como alma al diablo.
Le huyo, su melosidad me da escalofríos,
huyo hacia la idea y ella
siempre tiene algo que decirme.

Los gritos ajenos,
están cercándome en la noche
a veces, incluso en pleno día,
¡Qué poca noción del otro!
¿Qué figura espectral se les aparece tan diáfana?
Acaso yo misma, ignorada de mi,
inventada por otros
y a fuerza de la firma
de su genio y figura,
más viva y nítida que yo
y más asible, más verdadera.
Retiro esa máscara y me plantan otra y otra,
que es siempre la misma.

Yo huyo a refugiarme en un trazo de pintura,
en las páginas de los libros,
en una pieza musical antigua,
en un canto de violines.

Me ofrecen el pecho como moneda de cambio
y el sexo por refugio.
Entonces corro hacia mí,
mi refugio no está allá,
no es de carne ni de promesas
sino justo aquí mismo,
soy yo misma
eligiendo un trazo de pintura,
unas páginas de libro,
una pieza musical antigua,
un canto de violines.

Me gusta la camaradería
la hayo a poquitos, escondida entre juergas,
casi siempre vuelvo a tropezar en ella,
con cumplidos y frasecitas melosas.
Levanto mi copa, solitaria
y naufrago en argumentos.

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