Compañero con conciencia de clase, que despotricas contra el feminismo

Hoy no se trata de ti. Sal dos minutos de ti mismo, te lo pido. Se trata de la causa feminista. Causa que afecta a la sociedad toda, pero principalmente y de muy variadas e intensas formas a las mujeres. Causa que siempre se enfrenta a algún conflicto específico con un sujeto “estereotípico” de macho para su expresión. Entre otras dificultades.

Te pregunto ¿Cómo podrías tan fácilmente escapar a aquel estereotipo, que de una u otra forma, te configura y que nosotras denominamos, por sus características que reconocemos típicamente, como un macho de izquierda?

En el ámbito de las luchas sociales, el hombre proletario, “blanco”, ilustrado, heterosexual, nacional, es por lejos el privilegiado de los subordinados. Todos los otros subordinados quedamos por debajo de él. La mayoría estamos bajo alguna doble, triple o múltiple subordinación, en los vericuetos de la interseccionalidad y nuestra mirada es más compleja y más implicada. Es una tendencia que tal vez hayas notado ¿O no? ¿Tú ves al mundo LGTBI diciéndonos a las mujeres como hacer el feminismo? ¿Ves a los negros diciéndonos como hacer el feminismo? ¿Ves a los inmigrantes diciéndonos como debemos hacer el feminismo? ¿O a los árabes? ¿O a los Mapuche? Y no estoy preguntando por la gente desmovilizada, que la vida solo le pasa por encima. Estoy diciendo, incluso y especialmente si son académicos e intelectuales, militantes y activistas.

No lo verás, al menos no de la forma generalizada con la que verás a hombres, heterosexuales, blancos, ilustrados, nacionales que por norma general hacen eso. Gozando de sus privilegios, sin dar real cuenta de ellos. Y que por cierto, como la única condición de subordinación que encarnan es la de clase, muchos la ponen como la primera y última, como aquella que explicará todas las otras, que jerárquicamente será la punta de lanza de todas las luchas. Lo cual es muy interesante por dos razones.

Primero, porque si hicieran un leve esfuerzo intelectual que los desplazara unos milímetros de su zona de confort ideológica, verían con cierta claridad que la estructura de dominación podría perfectamente tener como meta relato el colonialismo o el patriarcado, de la misma manera que la clase. Los fenómenos de la racialización de la esclavización moderna, y del ordenamiento de relaciones sociales hegemónicas en base a prototipos raciales. Es decir, la colonización que inaugura la modernidad, la colonialidad que estructura lo “desarrollado, industrializado, elevado, culto, científico, democrático, superior, ario, occidental, hegemónico; respecto de aquello inferior, en vías de desarrollo, salvaje, terrorista, subdesarrollado, exótico, supersticioso, paupérrimo, oriental, negro, indígena, mestizo, árabe, asiático, etc., perfectamente podría ser vista como punta de lanza de todos los procesos de dominación, subordinación, explotación.

Además es evidente que esa explicación sería por lejos mucho más representativa del mundo, que las particularidades del proletariado en sus albores de la Inglaterra decimonónica, y les guste o no, también en su desarrollo posterior, donde había que agudizar las contradicciones para que hubiera revolución, produciendo proletariado (y por lo tanto produciendo capitalismo y burguesía) donde no los había porque predominaban las formas oligárquicas propias del latifundio y otros. Y discúlpenme pero inclusive hasta nuestros días, dónde es cosa de pegar una miradita al mundo y notar que, la mayoría de la población no responde en lo absoluto a una descripción proletaria.

Y en segundo lugar porque la lucha de clases jamás ha tenido dentro de sus objetivos la liberación de la mujer. Punto. Ya está bueno con esa historia de que con la disolución del capitalismo vendrá la disolución de todas las formas de subordinación, porque no es cierto y nosotras lo sabemos. Porque, por una parte, no depende de la disolución del capitalismo, sino de los actores involucrados en el nuevo poder y la toma de decisiones tras un proceso revolucionario, y estamos claros en que eso no forma parte de vuestras prioridades; y porque nunca ha sido parte de los objetivos de la lucha de clases. Y esto es clave porque tampoco debiera serlo, necesariamente. Salvo que entendieran que la división sexual de roles sociales realizada en los inicios del capitalismo aseguró antes que la división entre burgueses dueños de los medios de producción y proletarios desposeídos de estos reducidos a fuerza de trabajo; una división entre hombres con acceso al espacio público, a la administración económica y de bienes materiales, a la obtención de salario por su trabajo y al derecho legal sobre las mujeres y los hijos (la prole), mientras que a las mujeres se las destinó al mundo doméstico, de la crianza y el cuidado, en lo que vino a llamarse labores domésticas, como un “no trabajo”, sin acceso a remuneración, ni administración de bienes, supeditada al hombre para poder hacer la tarea invisible de la historia, a decir, la reproducción de la fuerza de trabajo.

En este sentido, de la misma manera, no han hecho el esfuerzo de pensar el modo en que la división de género, es decir, del ordenamiento de los roles sociales establecidos a partir de la división sexual, puede estar a la base de toda las estructuras de dominación, subordinación y explotación de la historia humana. Puesto que esta división es previa a cualquier establecimiento de ordenamiento religioso, militar, político o económico. Es decir, antes que definir si capitalista o socialista o comunista o anarquista o socialdemócrata; si monarquía o democracia, si guerra o paz, si iglesia católica apostólica y romana o protestante, si conquistar o no,  antes que moros y cristianos, antes que presidencialismo o parlamentarismo, etc. lo primero que se definió: es que esa era una discusión de hombres, en instituciones fundadas por hombres, con reglas definidas por hombres, al interior de la historia “del Hombre”. (Ay que ganas tenía de decir esto)

Luego, inclusive si están de acuerdo con la lucha feminista, más allá de la diferencia entre el feminismo como sujeto histórico político y los feminismos como acumulación de fuerzas de las diversas corrientes y olas que la atraviesan, o incluso más allá de las profundas cercanías ideológicas con gran parte del feminismo que es marcádamente materialista y que no deja de trabajar en una perspectiva de lucha de clase; tal parece que, aquellos de ustedes que llegan a sortear la falsa dicotomía entre “si la revolución no será socialista, no lo será” y “si la revolución no será feminista, no lo será” y que finalmente logran abrazar la lucha feminista, no pueden sino, hacer todo tipo de esfuerzos por protagonizarla. Y entonces, es tal su convicción, que se esmeran en dirigirla, encausarla, condicionarla, establecer sus límites, razones, causas, motivos, efectos, soluciones, y por supuesto, decirnos a todas nosotras como debe ser llevada.

A mí, bajo ningún punto de vista se me ocurriría decirle a la Disidencia sexual cuál es la verdadera disidencia sexual. Tampoco veo como una generalidad a compañeras feministas haciéndolo. Y eso que entre feminismo y LGTBI tenemos una relación profundamente estrecha, con roces, cruces y todo, pero también mutuo apoyo. Y yo entiendo que las luchas de la disidencia sexual tocan a toda la sociedad, que incluso los heterosexuales nos podemos beneficiar de sus luchas. Sin embargo, no pierdo de vista mi condición privilegiada, porque aunque por curiosidad yo haya estado sexualmente con mujeres, no puedo ser tan inconsciente respecto de la enorme diferencia entre ser la trans, la trava, la lesbiana, el gay, el andrógino, asexuado, etc., respecto de solo ser algo curiosa sexualmente hablando. A mí, nadie me va desconocer un nombre social, ni me van a discriminar para un trabajo determinado por esa causa. No tengo por destino estadístico y del abandono social, la mayor probabilidad de dedicarme a la prostitución. Entonces desde el reconocimiento de mis privilegios, me paro y asumo que solo puedo apoyar y no dirigir, que hay otras áreas donde me corresponde intervenir directamente, pero en esa por ningún motivo. Solo apoyar en el margen.

Lo mismo con cualquier lucha en donde soy capaz de reconocer mi posición privilegiada. Mi identidad es de mujer, proletaria, latinoamericana, mestiza hasta cierto grado, pobre, golpeada por la dictadura, poliamorosa. Es situada. Pero también en cierto grado, es blanca, occidentalizada, ilustrada, heterosexual. Y reconocer eso, es reconocer mis aspectos de subordinación al mismo tiempo que reconozco mis privilegios. Por lo mismo, no le voy a decir a un mapuche -con la excusa de mi “mestizaje”- cual es la verdadera lucha que deben librar. Tampoco a un inmigrante, ni a un negro, ni a un/a trans. Observa a tu alrededor y date cuenta de quienes hacen eso. Son principalmente los machos de izquierda. Convencidos de la supremacía de sus posicionamientos, acostumbrados a sus privilegios incuestionados y muy distantes de otras implicancias distintas de la clase. Lamento que te ofenda el término, pero a mí me interesa que lo revises, no solo tú, sino todos los que asumen esa postura que tú exhibes hoy, la de machito de izquierda.

Cuando haces una defensa de tu derecho a opinión y a crítica, solo ejerces tu derecho histórico de superposicionarte ante mí y mis compañeras. Cuando dices cosas como “la verdadera lucha”, “el verdadero feminismo” “el feminismo liberal que vemos ahora” “las contradicciones del feminismo actual…” “¿Por qué en vez de hacer esto, no hacen esto otro?” “¿Por qué no dejan participar en la toma a los hombres?” Lo que no están entendiendo es que no les corresponde definir los objetivos de nuestra lucha, ni las estrategias, ni los por qué, ni los cuándo, ni los cómo. Sencillamente eso no les compete porque ignoran profundamente lo que significa “ser mujer” y como se vive “ser mujer” en esta sociedad, en tanto proceso intersubjetivo y de construcción sociocultural. Si tienen alguna intención de apoyar el feminismo, guarden la debida distancia y el debido silencio. Lo único que ustedes deben transformar en esos términos, son sus actitudes hacia nosotras, nada más. Es decir, ¡A ustedes mismos! Nada más. No les toca. Siempre les tocó a ustedes liderarlo todo. Hoy no. Hoy somos nosotras. Supérenlo. No pasa nada.

Cuando dices “Feminismo Top Style. Eso es. Chirimoya con agua” “día de la madre, ahí guateó el feminismo” “uy, cuidado, no se vayan a enojar las feministas” “¿Por qué ese afán de mostrar las tetas?”, “pendejas que no cachan nada, que nunca han agarrado un libro”, déjame decirte que haces gala de tus privilegios ilustrados y de libre expresión, sobre un sector de la población que nunca ha tenido tal derecho, desconociendo y haciendo la vista gorda a las condiciones inequitativas de orden material, simbólico y estructural de acceso a una educación significativa. Porque mientras, tú ¿Desde cuándo tuviste acceso a buenos libros? ¿Acceso a conversaciones con contenido político? ¿Al derecho a salir a la calle? ¿A expresar una opinión? ¿A militar? ¿A aprender a defenderte argumentalmente y físicamente? ¿A vivir solo? ¿A no tener que darle explicaciones a nadie? ¿A no tener hora de llegada? ¿A resolver tus propios problemas de forma independiente? Mientras nosotras lavábamos ropa a mano, le hacíamos la comida a los hermanos, paríamos, amamantábamos, nos mandaban a callar, o nos ganábamos una golpiza por “no estar de acuerdo” con nuestras parejas, con la venia de la familia de él y muchas veces de la nuestra. En el colegio nos enseñaban a tejer ajuares mientras a ustedes de electricidad y motores; nos mandaban a darle bote a la pelota y jugar al pillarse mientras a ustedes les sacaban el jugo con deporte, nos hablaban de cerrar las piernas y de hacerse respetar, mientras a ustedes les hablaban de ingreso a la universidad, matemáticas y filosofía. Ustedes leyeron a Marx o a Nietzsche mientras nosotras veíamos teleseries con nuetras madres, sacándole piojos a los hijos o ayudándolos con la tarea.

Nosotras, en términos históricos, estamos descubriendo esas cosas. Desde el derecho a argumentar hasta el placer que hay en ello. ¿Nos vas a comparar con “las verdaderas feministas”? ¿Nos dirás como debe ser la verdadera lucha? No harás sino exactamente lo mismo que hacían tus congéneres, de partido y del sindicato, cuando las mujeres trabajadoras y socialistas en los años 70 lucharon por la igualdad salarial contra la Ford en Estados Unidos: Infantilizarnos, menospreciarnos, ignorarnos, ridiculizarnos y sobre todo, ponernos la pata encima.

Pues ya basta. En todos los planos. Tendrán que enterarse de que esto se acabó. Ustedes no nos dirán cómo hacer las cosas, cómo llevar nuestros procesos, a qué le daremos importancia, cómo jerarquizaremos nuestras necesidades, qué estrategias nos harán sentido, o bajo qué consignas y vindicaciones nos vamos a identificar. Estamos hablando de nuestros úteros, nuestras tetas, nuestras subjetividades, nuestras experiencias de violencia sexual, económica, psicológica, física, verbal, escolar, legislativa, judicial, empresarial, familiar, doméstica, callejera, obstétrica, comercial, laboral, sindical, estudiantil; encarnada en nuestro cuerpo, en nuestra subjetividad, en nuestra biografía, en nuestras relaciones, en nuestros cicatrices, en nuestros miedos y hoy, en nuestro desplegar de alas, que se presenta frente a tus ojos.

Alégrate compañero y solo mira, observa como por primera vez abrimos nuestras alas, juntas y contentas. Alégrate de que esta vez no sea una pequeña élite, sino muchas de nosotras, en distintas generaciones, estratos, colores, condiciones. Alégrate de que esta vez se trata de nosotras y no de ti.

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Polifonías de un Viaje

portada polifonias de un viaje.

Interior: Polifonias de un Viaje (pdf)

 

Toda vida importa

Cuando los que un día fueron esclavizados
alzaron la voz para decir que sus vidas también importaban,
que no era humano morir bajo permanente sospecha
entre palos y balas de sus esclavizadores de antaño,
no faltó la voz tan juiciosa y equilibrada, tan pacífica y santa,
que sin pensarlo dos veces ya tenía a flor de labios
la sentencia que borraba todo rastro de injusticia.

Toda vida importa.

Cuando las mujeres quemaron sus sostenes
y salieron a gritar a las calles,
para que ya los hombres dejaran de sacarle los ojos,
meterles las manos y los miembros por todo el cuerpo,
y culparlas por ello, y culparlas por todo,
y burlarse de ellas, y burlarles la vida.
porque ni  una menos.
No faltó el hombre justo y la mujer adecuada,
que tuvieran en la voz conciliadora y sensata,
como salto de resortera, nadie menos.

Toda vida importa.

Cuando dicen que toda, se cierra la escena de la vida
tras el telón de las palabras vaciadas y  prostituidas
y ya nadie ve, y ya a nadie le importa,
y podemos seguir con nuestras pequeñas vidas
asomados al titular matutino, como peatones a la vitrina
de las vidas que no importan, una vez más.
Y todo vuelve a estar en orden
porque podemos decirnos y repetirnos

Toda vida importa

.

El hombre incomprendido

Tuve veinte mujeres
por veinte años
todas bellas y dulces.

Tuve veinte mujeres
y mi pelo se volvió blanco
entre la soledad y el alcohol.

Todas las veinte lloraron
veinte veces sobre la almohada
en mi cama al rincón.

Tuve veinte mujeres
todas locas e histéricas
que me difamaron.

Las veinte al mismo tiempo
estuvieron ausentes
y me dejaron solo.

Ladrón que roba a ladrón

Traemos palabras porque todo lo demás ya nos fue robado

en nuestros bolsillos solo hay deudas y deudos

y un encendedor por si un cigarrito

y fumarnos las ganas de incendiarlos a ustedes

con sus lujos y alhajas

con su farsante estampa de superioridad

ganada con raspados de olla.

 

Nosotros solo soñamos con compartir el pan

y ustedes soltaron a sus perros demoniacos

a una persecución sin tregua sobre nuestra carne.

Las calles de cada ciudad y cada pueblo olieron a carne chamuscada

a perro rabioso cargando balas y lumas

a cuartel secreto de torturas.

 

Ahora  ustedes, SOQUIMecherros, PENTAladrones

con los bolsillos llenos de bancos suizos

quieren parecer ladrón que roba a ladrón,

y canjean su penitencia por un pasaje del transantiago.

 

Pero no somos iguales,

nosotros venimos con palabras como lirios

como sueños humanos y canciones tristes,

con palabras intraducibles en sus calculadoras.

Venimos con llamaradas iracundas

a escupirles nuestro desprecio

a levantar contra ustedes nuestro dedo sin montajes.

 

Traemos tanto trabajo en las manos,

tanta hambre de justicia,

tanto apaleo en las cuentas de fin de mes,

que nos bastará solo venir todos hasta sus casas

para que la espada de Damocles

termine lo que ustedes comenzaron.

 

Nos bastará esta palabra, multiplicada como espuma

porque ustedes no tienen vergüenza y nosotros sí.

Dolor de ignorancia

Me duele la poesía declamada entre poetas,
los libros apilados, adornando la casa de intelectuales.
Me asfixia la palabra en la boca, restada del mundo.
La palabra guardada para quien si la entienda.

Cuanto tormento se me viene sobre los hombros
cada vez que me atoro en respuestas no dichas.
Cada vez que me margina mi propia indiferencia,
que enmudezco y me vuelvo más ignorante.

Me duelen las conversaciones de bares.
Los sorbos de citas y paráfrasis enlutados.
La inmovilidad de beberse la impotencia
y brindar para olvidar lo que no hicimos.

Que pesadilla la distancia cuando se vive
como si comunicarse fuera lo mismo
que cruzar a nado y sin brazos
el más torrentoso de los ríos.

Me hunde hacia la nada indecible
el disfrute solapado de codearse con los eruditos.
La autocomplacencia de recibir sus elogios
por hilar cuatro frases de corrido.

Me duele la elevación que se respira
en aquellos cuartitos oscuros, de casas inasequibles.
Esos museos andantes que se repliegan en los rincones,
toda vez que no son puestos sobre una tarima.

Me trastorna vivir batallando por un lugar,
mientras mi tiempo deja de ser el tiempo de los otros.
Mientras pensar mundos posibles, se vuelve
un recurso para ganarse el derecho a la vida.

Me asquea el día en que me reconozco,
ignorando en los balbuceos rabiosos de otros,
a la idiota que escupió tales peroratas
y que hasta hoy escondo con vergüenza.

¡Cuánto aborrezco de mi misma por mis faltas!
Por faltarle a quienes me desafían con sus clamores.
Esos que suenan como ladridos de jaurías.
Que me arañan los oídos y las esperanzas.

Busqué tus ojos

Busqué tu foto, alguna fotografía tuya,
cualquiera para mirar tus ojos.
Encontré ese de Patton.
Estuvo hasta hace tan poco
entre las locuras de mis murallas.

No sirvió tenerlo, no sirvió arrugarlo en un basurero.

Acaso sabré buscar bien o no quise.
¿Qué destellos de tus ojos iba a encontrar?
Solo una vez lo vi todo, viendo todo el vacío,
la vez que vimos tus ojos y los míos.
Esos segundos para siempre.

No sirvió hacer como si nada esa tarde de la mesa azul.

Quería ver tus ojos con todas las palabras
escurriendo tras una represa fracturada
y un frio cristalizó mis dedos.
No iba a soportar verte
y encontrar nada más que unos ojos.

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