La pensión alimenticia

-Daniela, hola mija ¿Cómo ha estado? ¿Anda de compras?
-Hola, sí… vengo todos los domingos a la feria. ¿Usted cómo está?
-Bien fíjate, gracias a Dios, sin novedad y ¿Cómo está el niño?
-Bien, ahí está, ya se le pasó el resfrío.
-¿Estuvo resfriado? Y ¿Por qué no me dijo?
-No sé poh, yo pensé que el Gonzalo le iba a contar.
-No pues, qué me va a decir, si él anda con sus cosas. Para la otra me dice no más.
-Ya, gracias.
-y ¿Lo está llevando al jardín?
-Sí, faltó una semana por el resfrío, pero va todos los días.
-Y ¿No lo trajo ahora? Pucha, que hay…
-No, porque es muy pesado andar con el niño y el carro, y como no le gusta caminar tanto, lo tengo que traer en coche y no me caben todas las verduras. Si ya lo he hecho así hartas veces.
-Bueno y ¿Con quién queda?
-Con mi mamá poh, si ella lo cuida siempre que no puedo yo. Ella lo estuvo cuidando esa semana y los días que tengo clase en las tardes, lo ve ella también.
-Pero la mamá es la que tiene que estar ahí pues. Oiga mija, y ¿Usted no ha pensado en esperar un poco para los estudios? Que el niño esté más grande, no sé pues.
-Si lo he pensado, pero es que ¿Sabe? Me queda tan poco y yo no quiero que le falte nada al Tomás, entonces quiero afirmarme en un trabajo mejor y salir adelante, por él principalmente.
-No mija, sí yo la entiendo, pero es que es muy chiquitito, además el Gonzalito me dijo que usted andaba saliendo con otro chiquillo, entonces eso no es dedicarle tiempo a su hijo pues y la mamá siempre tiene que estar ahí.
-Oiga, pero eso es asunto mío ¿Por qué le anda contando mis cosas personales el Gonzalo? Ni siquiera estoy pololeando.
-Peor pues mija, si usted ahora es mamá y no puede andar de boca en boca, mire que eso se ve bien feo.
-Y ¿Por qué me dice eso a mí?, hasta donde yo sé el Gonzalo ha estado no sé cuántas cabras desde que terminamos y usted no le ha dicho nada. Ahora tiene polola y ni viene a ver a su hijo porque siempre está ocupado y yo a mi hijo no lo dejo de lado por nadie.
-Pero es que es distinto pues.
-Y ¿Por qué es distinto?
-Porque en una mujer se ve feo, sobre todo ahora que es mamá. Además que incurre en gastos que no corresponden. La pensión que le da Gonzalito es para el niño, eso está bien, pero usted no se la puede estar gastando en cosas que no corresponden.
-Oiga, ¿Sabe qué? Usted no tiene idea de lo que está hablando. Yo veré en lo que gasto la plata, eso es asunto mío. No tiene por qué meterse en eso.
-Por supuesto que sí y cuidado como me habla, porque en primer lugar, yo soy la abuela y tengo derecho. Además, a mi jamás se me habría cruzado por la cabeza salir de noche teniendo un hijo, menos todavía siendo chico. Y por último, yo no lo digo porque sí, es porque me preocupa mi nieto.
-¿En serio? Y si tanto le preocupa, ¿Por qué no lo viene a ver? Si no es porque nos topamos por casualidad ni se entera de que estuvo enfermo y más encima a su hijo no le dice nada por tenerlo botado.
-Bueno, pero esas son cosas distintas, acá el tema es otro. Gonzalo te da pensión, pero no es para ti, y no puedes gastarla en cosas que no corresponden, es para el niño y eso no tiene discusión.
-¿Sabe qué? Yo trabajo, me saco la mugre.
-Está bien pues, si es lo que tienes que hacer. No tendrías que trabajar si no te hubieses separado. Ahora tienes que asumir las consecuencias, no pensaste en la estabilidad del niño.
-Oiga, pero de nuevo con eso, yo no tengo porqué aguantar maltratos de su hijo.
-Pero ¿Alguna vez te levantó la mano?
-Linda la cuestión, ¿O sea, que me tenía que pegar más encima?
-No estoy diciendo eso, pero esas peleas tienen solución cuando una pone de su parte.
-Ya ¿Sabe qué? Esta conversación la vamos a dejar hasta acá no más, porque eso ya fue y yo estoy muy bien con mi hijo y ahora está mucho más tranquilo sin andar viendo peleas y escuchando los gritoneos de su hijo. Y por último, con lo de la plata de la pensión ¿Cuánto cree que me da ese mentiroso?
-Oye, ¡No te voy a aguantar!
-¡Tremenda cuestión! Una porquería me pasa su hijo. Tarde, mal y nunca. Yo pago el techo, la comida, el médico, los remedios, la ropa, los zapatos, los juguetes, lo llevo a pasear. Yo lo llevo al jardín, yo lo cuido cuando se enferma, yo le paso plata a mi mamá por cuidarlo. Así que cuando su hijito me deposita esa cagada de plata, hago lo que se me para la raja. ¡Y no me guevee más señora, que me tiene hasta acá con sus cahuines!
-Daniela, nunca me habías hablado así…
-¿Por qué no se va un ratito a la cresta? Y ¿Sabe qué? Aproveche y llévese a su hijito con usted.

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4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. elquintopatio
    Dic 04, 2017 @ 18:08:18

    La realidad franca y pelada… sería muy cómico si no fuera cierto 😏

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