De escribir

I Del amor

Si siento, si vivo, si soy.
Pero hasta nuestras miradas en silencio se tiñen de dictaduras,
se visten de dolores antiguos, se nutren de desamor incrustado en el mundo.

El canto amatorio resbala como una anestesia por los causes
en que tus caricias intentan consolarme. Y también busco el consuelo
para tus ojos del olivar, inundados de tierna rebeldía hacia los tiranos.

No hay una sola letra, hace tiempo,
salvo las que te dibujo en los besos desesperados
y en los entregados y dulcísimos, te escribo.

Mis papales quedaron reservados a los horrores.
Quiero rescatarte de todo eso,
dejarte vivir en mi cofre, resguardado, incluso de mi.

II De las mujeres

Se me afina la suspicacia frente a los combates
donde se juega el modelo de ser ante las otras
y huyo de la vitrina en que luchan por posar para ser elegidas.

Siempre brillan, inusitadamente, un par de destellos,
ansiosos de desmontarlo todo y tronarles en la cara estereotipada
un frasco de preguntas sin retorno.

Nos reconocemos, por lo inevitable,
corremos a abrazarnos entre la muchedumbre a celebrar,
y nos subimos hasta mucho más arriba de la cabeza las enaguas de los siglos.

Lloramos por las muertas de antemano y las muertas de asesinadas,
nos lamemos las heridas del sexo y de la palabra censurada,
Nos tendemos en las vías del tren a escribir y leernos la vida.

III De los hombres

Entrar en los secretos de sus camas y quedarme con sus canciones favoritas,
luego de vaciar los bares, los libros, las cajetillas de cigarrillos.
Solo entonces, ser el sol que escribe.

Una vez resquebrajada la musa, desnudada la madre-hija-virgen,
liberada la puta-bruja, desenterrada la mujer completa desde el foso patriarcal,
nos sentamos frente a frente y conversamos.

Traemos al centro del exorcismo a los traidores y los genocidas.
Encendemos una enorme pira donde bailan antiguas voces de poetas y filósofos.
Nos reconocemos hablando de las cosas que si importan.

Trazar estrategias, quemar las gargantas, levantar los puños,
recordar y olvidar simultáneamente, intercambiar hasta que gane el cansancio.
Y ambos ganamos algo que escribir y algo que desescribirle a la historia.

IV De los niños y las niñas

Hay algo de imposible en la niñez que me deja partida en dos.
Incluso yo niña, estoy partida en dos, desde antes de nacer.
Escribir, es siempre tener en mente la niñez.

La niñez propia camina adelante de los niños y las niñas
intentando limpiar las huellas podridas, de revivir la alegría,
cargando un saco de escombros en la espalda.

Escribir para la niña que fui, intentar que aún exista,
preguntarle si acaso la he traicionado.
Pedirle que me escriba cosas para las niñas y los niños.

Arrullarla, acariciarle las mejillas, acercar mi oído a su secreto,
bien atenta con el lápiz expectante, las páginas abiertas,
solo ella sabe cómo hablarle a ustedes, que aún están ahí, tras la adultez.

V De la familia

Somos paridos, como paridos son todos los mamíferos,
no hay gran relevancia en ello, salvo la necesidad que tengamos de atribuirle.
La familia la elegimos según nuestra manera de abrazar.

Mis brazos no tienen ninguna frontera, más que la traición.
Se extienden hambrientos, intentando abarcarlo todo
y solo dejan afuera a los brazos que terminan en látigos.

Escribo para mis hermanos y hermanas diseminados,
les quiero conocer, les quiero abrir mi verso, allá donde estén,
contarles que también sueño.

Mi brazo derecho carga la tinta, el izquierdo carga la historia,
ambos se abren hacia el horizonte y se cierran atrayendo lamentos siderales
que derramo sobre páginas y páginas sin tiempo.

VI De los ancianos y las ancianas

Dicen que saben y no intento comprobar si es verdad,
me inclino a besar sus manos de piel transparente y venas asomadas.
Cierro mis ojos esperando que toda mi piel mute hasta su tránsito.

Despierto a su remembranza y guardo silencio,
me guardo entera para mañana, cuando les haya comprendido.
Les pido que vacíen sobre mi sus colores acumulados.

Soy un cántaro a medio llenar donde siempre encuentro más vacío,
temiendo que esta necesidad presurosa les traicione,
guardo algunos papeles en blanco, pero no les digo.

Me aprendo de memoria lo que no escriben, pero lloran.
Asisto a sus funerales con flores frescas, les invito a visitarme en sueños.
Al despertar, peino mis primeras canas sonriendo.

VII De los pueblos

Existen los pueblos oprimidos y los pueblos opresores,
incluso dentro de los pueblos conviven ambos.
Yo parto el mundo en dos para escribir, sin miedo a equivocarme.

No necesito una longevidad de cinco siglos, para saberme pueblo,
para oler la mezcla de esos dos mundos habitándome.
Pero puedo elegir las costumbres que vuelvan el pasado, un futuro posible.

Expulso al violador, al usurpador de territorio, al esclavista,
desdeñando todo cuanto de él vive en mi como una marca.
Entonces soy violada, invadida, esclava, que lucha por la liberación.

No hay medias tintas para escribirme en la escritura que me erige,
toda ella es morena, ancestral, comunitaria, de dientes cariados.
Por eso brota generosa, como la sangre misma del pueblo que elijo habitar.

VIII Del reconocimiento

No es cierto que escriba para mí, pero tampoco para los otros.
Perseguir pájaros de alas poderosas es buscar volar hacia la libertad,
y no ofrecer las alas para languidecer en jaulas doradas de museo.

Me atrinchero para resguardarme de los galardones,
con pavor de olvidar y olvidar el olvido, hasta desaparecer
detrás de unos escritos, que me borren.

Renuncio al renuncio y desprecio al indolente,
me aclano con los principiantes aferrándome al sentido.
Soy principiante de principio y esa es mi única forma de escribir.

La única escritura que merece mi boca, es aquella que vibra como música
en las tierras inhóspitas del ignorante, del desterrado, del expulsado de los templos.
Ahí me reconozco, amante de cada trazo de tinta, me reconozco.

IX De los monstruos fantasmas

Soy hija de la dictadura y vestigio en esta falsa democracia.
Los cantos de una alegría por venir mantuvieron alimentado por goteo
al monstruo del miedo que murmura en la nuca.

Ahora ruge, me muerde las entrañas, me rasga desde dentro.
Intento batallar contra él, pero soy yo misma desarmada y temblando,
acostumbrada a obedecer las órdenes tiranas, sin chistar.

La muerte es apenas el fin del camino, más urge arrancar de los torturadores,
ellos saben bien, que hay muchos tipos de armas y las persiguieron a todas sin excepción.
Su favorita a hacer doler, pero también la más difícil, siempre fue la idea.

No empuño un cuchillo, porque me tiemblan las manos,
ni tengo estómago para romper el cuerpo de nadie.
Soy cobarde, me aferro a la escritura como un último bastión, el único.

X De los monstruos reales

Escribir es ante todo, declarar la guerra.
Perseguir lo bello y lo sublime, sin buscar cambiar las reglas del juego,
es un juego de babosos, del que no quiero ser parte.

Declarar la guerra no es lo mismo que pelear en una,
pero deja abierta una ventana a un mundo posible, ese por el que vale escribir.
Es, sin máscaras, encarar la muerte con dignidad, aunque no llegue jamás.

Sabiendo que gozan los monstruos, del poder de borrarme de un plumazo,
les escupo desde mi escritura, el más profundo desprecio por esa borradura.
Clavo mi única bandera, mi declaración de guerra a muerte con ustedes, mis enemigos.

Genocidas, tiranos, dictadores, torturadores, esclavistas, sin excepción.
Capitalistas, usureros, corruptos, que llevan la marca de la traición con sangre de pueblo,
les arrojo estas letras como un guante sobre sus miserables rostros.

XI De la primavera

Que tarda pero llega, que tarda pero llega,
tanto que tardas en llegar primavera, pero aguardo plantando letras como flores.
No puedo dejar de soñarte ni de caminar a tu encuentro.

El acto de escribir es el acto de hundir una pala en la tierra.
Hasta que ningún camino lleve a Roma, todas las palas son pocas,
entonces, doy tantas paladas como bocanadas de aire mientras pueda.

Pero nunca camino sola, el camino sabe darme siempre encuentros,
veo germinando flores y buenas hiervas por doquier.
Pequeñas asoman y sus pistilos arrojan esporas que cruzan cualquier océano.

Son arrancadas, cada cierto tiempo, por manos perversas.
Escribo para juntar mis manos con sembradores, que aún se permiten ,
volverlas a la vida, para armar nuevos caminos en la tierra.

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8 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. carvasar
    Ago 16, 2015 @ 22:31:17

    Eres siempre como una brisa que de pronto se arremolina y te deja sin aliento. Hermoso y profundo. Me encanta lo que haces con tus letras.

    Responder

  2. Pol Vareda
    Ago 16, 2015 @ 23:27:13

    Siga hundiendo la pala en la tierra. Que tus letras reclamen la vida que se merecen y sigan vibrando como música. Un abrazo, poeta.

    Responder

  3. lowis
    Ago 17, 2015 @ 01:42:40

    ¡¡¡maravilloso!!!

    Responder

  4. Javier
    Ago 17, 2015 @ 17:52:57

    Dos cosas: 1) gracias por iluminar, a través de la tuya, nuestras propias verdades, de forma tan bella y profunda.
    2) fue un gustazo conocerte el jueves (compañero de Camila).

    Responder

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