Todavía en la piel

Todavía en la piel, todo anida y florece.
Aún si pienso y se me arremolinan abstracciones,
dónde se suponía que no llegaban a interferir los poros.
Más allá del umbral invisible que anula el sentido común
o de la aparentemente inofensiva estrategia
que cruza todas las zonas del confort racional.

No me preguntes, no me atormentes con si-la-bas
que prefiero ahora el soplido vaporoso atrás de la oreja,
el secretamente estudiado movimiento con que excitaste a otra,
a otras, a ninguna, a la muñeca de plástico, a la almohada prepuber.
La imaginación de sus vellos erizándose sin que lo percibieras.
Me devoro toda la caótica resolución de tu recuerdo posible
derramado con torpeza aprendida en tu boca.
Y también me erizo toda, arqueando la gatuna espalda,
como si huyera de tus huellas digitales.
Como si tuviera pánico de que me quemen imborrablemente,
o de necesitar demasiado tiempo de acorralamiento
para no comprobar que ellas no tienen ninguna singularidad.
Que se me escapará toda el ansia de ese fuego inventado
justo en el momento de un aterrizaje forzoso y simple.

Deja que lo eternice.
Las milésimas de segundo que dura el suspenso…
S-U-A-V-E
Por eso no. No te atrevas a suponer que conoces suficientes clavículas,
que lamiste en demasía tipos de pezones o sabores de fluidos,
¿Qué vas a hacer con tu hábito de jalar del cabello justo en la nuca,
cuándo tus manos me lean calva?
¿Acaso ya no lees a ciegas?

Una vez temblaste y yo no existía.
Pero ahora existo y no quiero desaparecer
junto con vagos recuerdos de clavículas y pezones.
Me pides que te clave las uñas y justo esas palabras clavaron
una cinta de embalaje con letras negras sobre tu transparencia
“No tocar” “Frágil” “No tocar” “Frágil”
¡Era más fácil que rasgar el paño como quien se rasca el culo mientras mira televisión!

Pero aún tengo la piel.
Todos los aterrizajes forzosos no bastaron para adormecerla.
De ella quiero todas las delirantes enunciaciones que tus cuerdas vocales ignoran
y ante ella me quedo desarmada y rendida.
A ella respondo con fidelidad desmedida y la más minuciosa de las devociones.
No tengo otro lugar donde plantar flores ni prodigar plegarias.
Todavía en la piel todo anida y florece,
si ya no sabes leer a ciegas, leíste mal.
Aún tengo la piel,
no oses manosearla.

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4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Caro
    Abr 09, 2015 @ 14:12:25

    la piel siempre debe anidar el deseo y florecer el placer, de sentir, de amar, de vivir…a pesar de esos aterrizajes forzosos a la realidad…como siempre un placer leerte…soy de piel, así que un abrazo.

    Responder

  2. Ilka Oliva Corado
    Abr 09, 2015 @ 14:24:26

    Señorita Cote: como le he dicho siempre, usted es pasión, fuego, erotismo vivo como brasa. Tu escritura solo delata lo intenso de tu ser. Qué placer leerte y sentir como en la piel propia, cada una de tus palabras. Besos, mi Gata Preciosa.

    Responder

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