Todos quisieron ser Charlie, porque nadie quiere ser lo otro.

Nadie quiere dejar su cuerpo flotando
en las costas de una tierra desconocida.
Flotando entre miles de cuerpos,
flotando como basura que contamina el océano,
flotando sin vida, sin identidad.
Nadie quiere engrosar una estadística
para que aprobleme a la gobernanza mundial.

Nadie quiere sobrevivir la travesía
para contarle a los nietos, si es que llega a viejo,
con la espalda encorvada y las manos callosas,
de sus aventuras limpiando baños ajenos.
Agachando la cabeza, por miedo a la policía
y a los rapados que escupen su odio,
o por pena ante los caritativos.

No, nadie quiere.
Por eso todos quisieron ser Charlie
y defender la libertad de expresión,
la genialidad del artista,
el derecho de autor.

¡Los que siempre pudieron hablar y fueron escuchados!

Parece que todos quieren ser Charlie,
hombre Charlie
europeo Charlie,
blanco Charlie,
profesional Charlie,
Intelectual Charlie,
ciudadano Charlie,
persona Charlie.

Que absurdo te resultaba Charlie,
con la mesa servida y el mundo estable,
la irracionalidad de lo otro,
el fundamentalismo.
¿Alguna vez te viste Charlie,
de rodillas en el suelo,
con la vista nublada implorando al cielo,
un poquito de misericordia?

Nadie quiere ser mujer en Ciudad de Juárez,
ni conocer la cabina del policía
que custodia la frontera del viejo México.
Nadie quiere ser parte del enjambre de moscas
colgando de los trenes,
estirando la mano a las Patronas de Veracruz.

Nadie quiere que le busquen
trazas de pólvora en los dedos,
o le escojan para revisión en los aeropuertos.
Nadie quiere, su fotografía de frente y de costado,
y no ver cómo pasa la vida, por injusta que sea,
tras unos barrotes en Guantánamo.

No, nadie quiere.
Por eso todos quisieron ser Charlie
en vez de uno de los nadie de Galeano.
Y llevarle florecitas a la tumba,
tan lejos de las fosas comunes.
Sucumbir de dolor y angustia
por la afrenta al mundo civilizado.

Todos quisieron ser Charlie,
y valer más que la bala que los mata.
Todos quisieron ser Charlie
porque nadie quiere ser lo otro.
Todos sabían que para ser nombrado persona
había que ser Charlie.

Porque no hay negro Charlie,
ni palestino Charlie
ni indígena Charlie
ni gitano Charlie.

No hay inmigrante Charlie,
ni delincuente Charlie,
ni prostituta Charlie
ni terrorista Charlie.

No hay indigente Charlie,
ni periférico Charlie,
ni suburbano Charlie
ni analfabeta Charlie.

Usted que quiso ser Charlie
¿Conoce alguno?

Pareció que todos quisieron ser Charlie,
porque nadie quiere ser lo otro.
Todos saben que para ser nombrado persona,
tenías que ser Charlie.

Si quiere ser Charlie, y no ser lo otro,
Si quiere ser Charlie en la zona luminosa,
Si quiere ser Charlie, la persona nombrada,
No se pase de listo, Charlie no somos todos.

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Todavía en la piel

Todavía en la piel, todo anida y florece.
Aún si pienso y se me arremolinan abstracciones,
dónde se suponía que no llegaban a interferir los poros.
Más allá del umbral invisible que anula el sentido común
o de la aparentemente inofensiva estrategia
que cruza todas las zonas del confort racional.

No me preguntes, no me atormentes con si-la-bas
que prefiero ahora el soplido vaporoso atrás de la oreja,
el secretamente estudiado movimiento con que excitaste a otra,
a otras, a ninguna, a la muñeca de plástico, a la almohada prepuber.
La imaginación de sus vellos erizándose sin que lo percibieras.
Me devoro toda la caótica resolución de tu recuerdo posible
derramado con torpeza aprendida en tu boca.
Y también me erizo toda, arqueando la gatuna espalda,
como si huyera de tus huellas digitales.
Como si tuviera pánico de que me quemen imborrablemente,
o de necesitar demasiado tiempo de acorralamiento
para no comprobar que ellas no tienen ninguna singularidad.
Que se me escapará toda el ansia de ese fuego inventado
justo en el momento de un aterrizaje forzoso y simple.

Deja que lo eternice.
Las milésimas de segundo que dura el suspenso…
S-U-A-V-E
Por eso no. No te atrevas a suponer que conoces suficientes clavículas,
que lamiste en demasía tipos de pezones o sabores de fluidos,
¿Qué vas a hacer con tu hábito de jalar del cabello justo en la nuca,
cuándo tus manos me lean calva?
¿Acaso ya no lees a ciegas?

Una vez temblaste y yo no existía.
Pero ahora existo y no quiero desaparecer
junto con vagos recuerdos de clavículas y pezones.
Me pides que te clave las uñas y justo esas palabras clavaron
una cinta de embalaje con letras negras sobre tu transparencia
“No tocar” “Frágil” “No tocar” “Frágil”
¡Era más fácil que rasgar el paño como quien se rasca el culo mientras mira televisión!

Pero aún tengo la piel.
Todos los aterrizajes forzosos no bastaron para adormecerla.
De ella quiero todas las delirantes enunciaciones que tus cuerdas vocales ignoran
y ante ella me quedo desarmada y rendida.
A ella respondo con fidelidad desmedida y la más minuciosa de las devociones.
No tengo otro lugar donde plantar flores ni prodigar plegarias.
Todavía en la piel todo anida y florece,
si ya no sabes leer a ciegas, leíste mal.
Aún tengo la piel,
no oses manosearla.

Mañana temprano

Mañana me levantaré temprano,
le ganaré a las sábanas la promesa de confortables siestas,
de vivir viendo pasar los segundos y la vida entera
ovillada en trenzas infinitas y concéntricas.

Me sacudiré la bota aplastante
que asfixia las otras promesas.

Saldré del agujero oscuro bajo la tierra
a galopar los caminos de este país destrozado,
a encontrarme con los amigos que sueñan con juntar los pedazos
y armar un sueño compartido, uno de a de veras.

Tengo que enfrentarme con esa mole dormida
que gruñe miedo y expele un nauseabundo retraso.

Mañana escupiré el fuego que incinere por fin esta levedad
de sucumbir antes de comenzar lo titánico
o lo ínfimo, lo de todos los días antes del café,
antes de estar preparado, porque nunca se está preparado.

Así que subiré montes de a uno hasta que sean miles,
gritando para que se sepa que aún alguien grita.
Para que los que también gritan oigan algo más que su eco
rebotando contra los rascacielos y los audífonos en el metro.

Mañana me levantaré temprano
a recoger de los campos las hebras de pueblo,
para sacudirlas hasta que vuelvan a vibrar en las manos
y a colorear los sueños que nos grisearon de un golpe.

Tan temprano que la luna me encuentre abatida
y la noche no sea más testigo de mi desvelo.

chojesus

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