Porque le deseé

No me cubrió el cuello de perlas,
ni puso una piedra a brillar en mi dedo.
No empapeló nuestra cama sudada
de historias pueriles y esperables.

No Prometió a “inter”- cambio
de mis madrugadas afiebradas
pasajes aventureros para dos
a un paraiso seguro y comprado.

No me tendió la mano, ni un pañuelo,
cuando temblé de ansiedad.
Ni cubrió mis hombros desnudos
cuando me estremeció el frío.

No sembró flores ni chocolates
para cuando los números rojos
y estampados en el calendario
se derramaran, tímidos, por el piso.

No pagó mi comida, mi cuarto,
ni me fué leal ante los otros,
ni otras, que deseó, tal vez ni tanto,
como mi deseo se cubría de desesperación.

No devolvió mis desprendidos,
(y para él siempre urgentes) favores,
ni agradeció, ni valoró, ni guardó
al final o antes, un poco de silencio.

No creyó, ni confió en lo posible,
de todo el grito de mis ojos,
ni menos en lo imposible o lo impensable
que flotaba en cada ahogado beso.

No habló de pequeñas criaturas
revoloteando por una casa nuestra.
Imaginario y futuro hogar,
donde fundar un tibio nido.

No habló de nosotros, ya viejos,
recordando de la mano
las pasiones pasadas un día,
en ese porvenir a lo lejos.

No firmó papeles, ni tendió la ropa,
no pagó las cuentas o los agravios.
No hizo sacrificios, ni asumió costos,
que valieran de abono a un compromiso.

No miró mis ojos cuando me desangraba.
Ni dejó de gritar para escucharme.
No resistió mis garras sobre su cuello
ni mi torpe y fingida indiferencia.

No lo hizo aunque en carne viva,
mi pasión por él se desbordara.
Y porque mi desear no tenía precio,
aún así, no dejé de desearle.

No supo que solo fué mi deseo
aquél que devoró todo lo que quizo,
como la loba hambienta que ahuya
conminando a todos sus demonios.

No supo que su amor y su desear
poco importaban, más allá, o menos,
del tiempo incomprensible en que fué
la dulce presa de mi desearle.

No supo que no era, ni tenía como ser,
un hombre obteniendo por mujer a quién lo deseaba.
ni llegó a sospechar que toda esa locura,
la cúspide de mi creación, al final solo fué.

No supo que sus faltas hicieron
que en mis manos nada sobrara
y que todo cuanto su desamor vaciaba
era llenado de sentido, solo porque le deseé.

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