Ojitos del olivar

Me quedé en desvelo silencioso mirando tu cuerpo dormido,
tus párpados quietos y tus manos laxas sobre las ropas.
Me quedé orillada del mundo respirándote de cerca
y oliéndote la vida.

Con el sudor entumecido salándome la boca
que partida a besos ahora te susurra una vez más…

Ojitos del olivar,
dónde sino en ellos extraviarme hasta el delirio.

Me detuve a latir contigo, a volar con tu sueño insondable,
a preguntarle a tus sienes serenas si acaso existen los milagros.
Me detuve en el vórtice gris del tiempo para arrojarme al vacío
y llorar por el último de los días.

Con la gruesa esperma entibiando el eco de mis gemidos
me volví mansa y suave como una nube, acurrucada.

Ojitos del olivar,
otra mañana aguarda para encender su infinito brillo.

.

.

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