De la violencia simbólica al abuso en el contexto escolar

 

Para pensar en el abuso infantil en el contexto escolar, partimos de un supuesto que indica que se presentaría como una anormalidad institucional, pero ¿Qué pasa si ese supuesto queda en cuestión?

El abuso solo tiene cabida en una relación de distribución de poder desigualitaria. Independientemente de su legitimidad, este constituye uno de los aspectos más fundamentales en todo tipo de relación y a distintos niveles de ella. Esta asimetría relacional, que podría implicar un sentido de responsabilidad, apropiación, dominio, o incluso de posibilitación para el abuso, es observable por ejemplo en las dicotomías: Estado/ ciudadanía, padres/hijos, Profesores/alumnos; donde aquel con mayor poder, subyuga bajo su propio sentido de ese poder al otro.

Entonces ¿Quiénes y cómo determinan que es abuso respecto de este poder? Quienes tienen el poder para hacerlo y bajo sus lógicas. Luego, dado que el límite entre el no abuso y el abuso es definido por quienes tienen arte y parte en él, ¿Cómo puede quien está bajo el ejercicio de poder de un otro, identificar, o reclamar ante un abuso? ¿Puede siquiera saberse abusado? Probablemente en muchos casos, ante una violencia muy evidente y demostrable, sí.

Sin embargo no todas las formas de violencia en el contexto del ejercicio de poder, son tan fáciles de identificar. Existen una serie de prácticas basadas en códigos de subyugación, dominación y hasta, anulación del otro, que se articulan sistemáticamente en el disciplinamiento, frecuentemente encontrado en el contexto institucional (El Estado, la familia, el colegio) y más marcadamente en el espacio denominado por Irvin Goffman como instituciones totales: la cárcel, el manicomio, el internado y el cuartel.

Sin ir tan lejos, encontramos que toda institución se define a sí misma a través de un constructo de normas y reglas que son impuestas a sus miembros bajo una relación contractual desigualitaria. Es decir, el poder lo tiene quién define esas reglas y normas y recae sobre aquellos que adscriben a dicho contrato sin participar de la definición de sus condiciones. Parafraseando a Michel Foucault en su ponencia “El orden del discurso” quienes y cuando pueden hablar, que cosas pueden ser dichas, que discursos son castigados, suprimidos o ignorados.

Este constructo se manifiesta como violencia simbólica. Las relaciones verticalizadas, se expresan en su mayor esplendor en los códigos disciplinarios que simbolizan la violencia. Quien manda/ quien obedece, quien habla/ quien calla, quien levanta la cabeza/ quien la agacha. En este contexto de naturalización del ejercicio de poder, bajo la distribución de los roles al interior de la institución, aquello enunciado por quien detenta la autoridad difícilmente sea puesto en duda por quien se encuentra bajo el influjo del ejercicio de la violencia simbólica, quedando instalado un espacio posibilitador del abuso. Por lo tanto, este no necesariamente se presentaría como una anomalía, sino como un efecto del uso del criterio y de las posibilidades. Para aquellos más vulnerables en esta distribución, el abuso se constituye en una amenaza muchas veces disfrazada: “Lo hago por tu bien”, “debes obedecerme”, “te lo buscaste”, “lo hago porque te amo”; quedando indefensos. Por lo que cabría preguntarse, ¿Cómo puede  un niño diferenciar cuando está siendo abusado, respecto de aquellas formas de violencia simbólica legitimadas o cómo podría defenderse?

Si consideramos la importancia de esta reflexión podemos también tomar algunas medidas. Por una parte, aquellas que pasen a través de la comunicación con el menor y por otra, las que implican involucramiento con la comunidad escolar a la que se integra. Esto supone también hacerse cargo de la reflexión acerca del tipo de institución a la cual confiamos parte de su formación.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Ilka Oliva Corado
    Nov 07, 2013 @ 00:59:06

    Excelente explicación, en forma fácil, entendible, analizable – para quien tenga dos dedos de frente-. El problema es que ese abuso parte generalmente del hogar, se propaga en la comuna, escuela y luego más allá. Es violencia que nos es inyectada en los patrones de crianza y que es irrigada por sociedad, medio ambiente, y un sinfín de bombardeos de todos tipo y de todos lados, tan inmersos estamos en ese tipo de violencia que no somos capaces de verla como tal.

    Ni vemos los grados, los extremos…
    Saber identificarla como punto base para luego poder atacarla y erradicarla. Ay vos, tema complejo cuando como sociedad no somos capaces de ver lo obvio.

    Responder

    • coteavello
      Nov 07, 2013 @ 14:07:10

      Claro querida y las distintas formas de dominación que permiten la realización de cualquier tipo de abusos, están legitimadas. Así solo resalta a nuestra mirada el abuso expresado de forma burda y escandalosa y solo ahí reaccionamos.

      Responder

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