Dignidad

La dignidad de mi cabeza

sea reservar un espacio para tu bala

neonazi, milico, facho.

Y de mi cuerpo, reservar sin temor

o gracias a su acostumbramiento

disposición para un rinconcito en tu celda

paco, gendarme, juez, legislador.

De mis muñecas, la preferencia por la esposa

y no por la pulsera de brillantes.

De mi boca por la capucha y la consigna,

no el adorno y la humillación.

La dignidad de mis pies

sea correr raudo contra tu cuerpo

blindado, ejercitado, esculpido, drogado,

y no el zapato taco alto de la vitrina.

De mi frente altiva mientras te escupa

sea el retorno incansable a erguirse en el dolor.

De mis dientes cariados, la gracia de caer al suelo

cuando me asesten el primer golpe,

y el siguiente y el siguiente.

La dignidad de mi muerte

sea no salvar la vida

ni por tubos, sondas o geriatras

y la de la vida sea que dure viva

y no segura, acomodada, ostentosa,

sin nada que ofrecerle al cajón.

La dignidad de mi sexo

sea que no le entregue su posesión a un dueño

ni me sea administrado por un orden

tanto como yo no lo administre

prostituyendo mi razón.

La dignidad de mi pecho

sea que no lo traicione

una excusa que suene bonita

para encontrar a mi propia cobardía

una triste justificación.

La dignidad de mis manos

sea contruir destruyendo

lo que entiendo por infrahumano

y creado para el horror.

La dignidad de mi lucha

no sea asumir una postura

mientras que la fortuna

asegure su condición.

No sea pusilánime y mezquina,

no tenga precios ni credos,

ni termine obedeciendo

consintiendo en la omisión.

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chojesus

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