Agua de lluvia

Estrepitosa, derramándote sobre todo lo perenne,
anuncias tu infrenable presencia, casi con solemnidad.

De cierto, a través de los grandes ventanales,
de mansiones, edificios y miradas,
reposas como un manto que acaricia la ciudad.
Al calor de costosos abrigos y chimeneas
resplandece tu indomable fuerza
que no alcanza a tocar las venas
del indolente habitar guarecido.

Estésica, a los rostros que te buscan
sobre un cemento cada vez más tupido
como un indicio de un algo
que no está del todo perdido
en el corazón mismo de la humanidad.

Y ese corazón, mientras late, parsimonioso,
¿Acaso recuerda que también te vuelves lodo,
en las chozas sin suelo de millones de pies entumecidos?

Tu manar incesante, reverdece la tierra toda,
revive esta inanimada naturaleza
de la que imaginamos ser dueños,
aquella que hemos capturado en jaulas de cristal.
Se funde con la podredumbre de nuestros desechos,
con la densa masa gris que arrastra
hasta nuestros miserables monumentos,
anunciando su venidera muerte.

La decapitación inevitable de todo mito fundante,
donde al final quedarán las palomas defecando
y tu presencia lavando cada ruina abandonada.

Nos lo susurras en las intermitentes garúas
como un secreto que roza nuestros sordos oidos,
Nos lo gritas en tu granizar encarnecido
sobre los techos de lujosos coches
y de antiguas chatarras que resisten al tiempo,
con la porfía de su triste modernidad.
Nos lo cantas, alegremente,
en el tarareo indescifrable de tu murmullo
dentro de cada particula viva.

El anuncio de un desborde aguardante en la noche de la historia.

Ves pasar los hombres, los caminos, los edificios.
Las bombas, las epidemias, los lamentos que acoges.
Ves pasar las estaciones que llevan año con año
la estela de vida y muerte del desperdicio.

¿Aguardas el renacer del viento salvaje,
galopando sobre valles de azarosa desnudez?
Tal vez con cada ínfima gota de tu inmensidad,
ya has vencido a todas las atrocidades
que aún no acabamos de acometer.

Desde eternidades congeladas respiras como el Kraken.
Para borrar el último rastro de sangre doliente y amarga
sin degollar una sola de nuestras frágiles cabezas,
solo anuncias tu infrenable presencia, casi con solemnidad.

.

.

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4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Ilka Oliva Corado
    Jun 04, 2013 @ 10:35:44

    Te mandaste Cote. A pesar de los pesares las nubes se siguen preñando, bajan y nos alimentan con el fruto de su vientre y nosotros tan mal agradecidos que somos. Felicidades está precioso. Bueno pues como todo lo que escribís vos. En espera la taza de té. 🙂

    Responder

    • coteavello
      Jun 04, 2013 @ 21:47:30

      Gracias Ilka, tu sentir poético siempre acogiendo mis palabras, mi ímpetu que no afloja, como el tuyo…¿Habrá que esperar mucho por ese té? quien sabe, la vida tiene muchas vueltas, ¿no? Por ahora saborear la posibilidad…besos.

      Responder

  2. Pablo
    Jun 04, 2013 @ 14:08:23

    Tu poesía cobra cada vez más complejidad y mayor profundidad en su expresión, notando con esto que su autora evoluciona a pasos agigantados. Ahora bien, no entendí una parte y quisiera me la explicaras: La decapitación inevitable de todo mito fundante,
    donde al final quedarán las palomas defecando
    y tu presencia lavando cada ruina abandonada.
    ¿Qué buscas señalar?

    Responder

    • coteavello
      Jun 04, 2013 @ 21:54:16

      Querido Pablo: Gracias por comentar, por tus palabras de apoyo y también por preguntar.
      Esa estrofa se sigue de la anterior, donde menciono nuestros miserables monumentos. La caida de los monumentos es la metáfora de la caida de las civilizaciones y con ello del mito fundante que erige su institucionalidad. Que solo queden las palomas defecando sobre ellos mientras el agua de lluvia las lava (y corroe) es la representación de la ausencia del hombre, que los ha dejado a merced del tiempo para ser devorados hasta desaparecer. Es decir, es el triunfo de la naturaleza sobre el hombre y toda su civilización.
      La decapitación es porque todo monumento (al igual que el hombre que los erige) tiene una cabeza. La caida de los monumentos no siempre es completa, pero la cabeza es lo primero en caer. Eso es una representación de la caida del hombre.
      Un abrazo.

      Responder

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