Mujer de lágrimas

Te vas, siempre te vas.
Arrastras tu historia como quien es perseguido
por su destino y sus presagios
para volver incontables veces hasta la cuna,
los besos y los abrazos.
Te vas buscando perderte y olvidar,
y el camino es tu único y último dueño.

Todas las casas, todos los cuartos,
los cuerpos anhelantes de encuentro.
Todos los bares, todas las noches,
La ciénaga de desterrados y olvidados
son tu permanente bienvenida al mundo.
Ahí donde no es necesario explicar
y las miserias se disfrazan de jolgorio.

Hablas, hablas, hablas, porque callas;
porque la espesa nube de recuerdos
y sonidos que aun laceran la carne viva,
la ráfaga de imágenes horribles
han de ser ahuyentados a la fuerza.
No cabe ya más en tu ternura
una sola gota de abandono.

Te vas, incluso presente te vas
y fantaseas con soñadas aventuras,
las proezas que inverosímiles inventas,
no son más intangibles que toda tu verdad.
Aquella que nadie toca con las manos
que  ha sido por todos olvidada
y tragas sola como un amargo brebaje.

Pero aflora siempre en tus brillantes ojos
en toda la manera estridente de tu ruido,
esa incontenible ansia de devorarlo todo,
de arañar la espesa distancia con lo querido.
Y vuelves, siempre vuelves con tu luz.
Tu irónica empresa contra el desamor
se vuelve un desierto de flores arrancadas.

Todas las cicatrices que esconden tus tatuajes,
las palabras sin erres pronunciadas,
todos los regalos que no te fueron concedidos,
los vacíos en que han caído tus palabras.
Los recojo uno a uno para besarlos,
acunarlos delante de todas las miradas
como la loca más triste de todas las locas.

La vida que no llegó a ser vida,
la fuente vaciada hasta el cansancio,
la estela de todas las despedidas,
el círculo de estrellas en tu brazo.
Los recojo todos y cada uno, cada una.
Les beso la frente, los pies, las llagas,
me los quedo un segundo entre mis brazos.

Dulzura de todas las dulzura,
que jamás me ha dejado una sola herida,
cuando las nubes sean todas negras
y las puertas se vean cerradas
ven corriendo hasta mis brazos,
en mi regazo cabe todo entero
tu océano de agua salada.

.

.

Agua de lluvia

Estrepitosa, derramándote sobre todo lo perenne,
anuncias tu infrenable presencia, casi con solemnidad.

De cierto, a través de los grandes ventanales,
de mansiones, edificios y miradas,
reposas como un manto que acaricia la ciudad.
Al calor de costosos abrigos y chimeneas
resplandece tu indomable fuerza
que no alcanza a tocar las venas
del indolente habitar guarecido.

Estésica, a los rostros que te buscan
sobre un cemento cada vez más tupido
como un indicio de un algo
que no está del todo perdido
en el corazón mismo de la humanidad.

Y ese corazón, mientras late, parsimonioso,
¿Acaso recuerda que también te vuelves lodo,
en las chozas sin suelo de millones de pies entumecidos?

Tu manar incesante, reverdece la tierra toda,
revive esta inanimada naturaleza
de la que imaginamos ser dueños,
aquella que hemos capturado en jaulas de cristal.
Se funde con la podredumbre de nuestros desechos,
con la densa masa gris que arrastra
hasta nuestros miserables monumentos,
anunciando su venidera muerte.

La decapitación inevitable de todo mito fundante,
donde al final quedarán las palomas defecando
y tu presencia lavando cada ruina abandonada.

Nos lo susurras en las intermitentes garúas
como un secreto que roza nuestros sordos oidos,
Nos lo gritas en tu granizar encarnecido
sobre los techos de lujosos coches
y de antiguas chatarras que resisten al tiempo,
con la porfía de su triste modernidad.
Nos lo cantas, alegremente,
en el tarareo indescifrable de tu murmullo
dentro de cada particula viva.

El anuncio de un desborde aguardante en la noche de la historia.

Ves pasar los hombres, los caminos, los edificios.
Las bombas, las epidemias, los lamentos que acoges.
Ves pasar las estaciones que llevan año con año
la estela de vida y muerte del desperdicio.

¿Aguardas el renacer del viento salvaje,
galopando sobre valles de azarosa desnudez?
Tal vez con cada ínfima gota de tu inmensidad,
ya has vencido a todas las atrocidades
que aún no acabamos de acometer.

Desde eternidades congeladas respiras como el Kraken.
Para borrar el último rastro de sangre doliente y amarga
sin degollar una sola de nuestras frágiles cabezas,
solo anuncias tu infrenable presencia, casi con solemnidad.

.

.

chojesus

Poesias y pensamientos

El Quinto Patio

Mi espacio personal, la dimensión de mi pensamiento crítico. Nada del otro mundo...

la llaga

POESIA EXPUESTA

Ciencias Libertarias

Cada descubrimiento, cada progreso, cada aumento de la riqueza de la humanidad, tiene su origen en el conjunto del trabajo manual y cerebral, pasado y presente. Entonces, ¿qué derecho asiste a nadie para apropiarse la menor partícula de ese inmenso todo y decir: «Esto es mío y no vuestro»? Piotr Kropotkin

El Quinto Patio

Un vistazo a la realidad, en pocas palabras...