No puedo respirar

No puedo respirar. Tampoco quiero. Su mano está estrujando mi garganta y sé que él desea mi fin. No me importa si lo merezco o no a estas alturas y bien ambos podíamos merecerlo incluso, pero quiero castigarlo con mi muerte. Quiero castigarlo con la insoportable culpa que le sobrevendrá cuando todo esto pase. Me desespero. No puedo respirar, pero no le daré el gusto de sacudirme o intentar zafarme. Siento como la sangre presiona cada vena, cada poro de la cara me va a estallar. Estoy más roja que en toda la vida, que en todas las veces que me inundó esa tinta roja de vergüenza, de timidez, de estupidez; pero ahora es diferente, ahora tengo desprecio por la vida, por los otros, por él, especialmente por él y la tinta es venenosa, me invade toda la cabeza, las orejas me hierven y no desistiré. Quiero que me mate y que cuando yo esté muerta y ya no pueda hacer nada al respecto, lo invada el deseo de pedirme perdón. Lo quiero de rodillas suplicando mi regreso, mi vida, mis besos, mi aliento, como un idiota sobre mi cadáver. Bonito sería ver eso desde muy lejos. Llorando como un bebé.

Lo miro muy fijo a los ojos y sabe que si no estuviera apretando sería esa misma mirada la que tendría, con la misma frialdad, el mismo desprecio, la misma indiferencia, solo que pálida y serena. Quiere que llore, que suplique por mi vida, que le implore que me deje; pero detesto hasta lo indecible sus formas de chantaje emocional. Más que nada porque lo vuelve despreciable y quiero que lo sepa, que sienta mi desprecio, incluso en la muerte. Si tendré que hacérselo saber así, incluso a punto de morir, así será, no le daré el maldito gusto, no suplicaré. Me desespero. Tengo que probarle mi coraje. Él sabrá que no me pudo vencer, ni siquiera matándome. Que se pudra con su idea de superioridad, no es más que un imbécil incapaz de mirarse al espejo y pensar que quiere de su propia vida, por eso me usa para purgar una vida sin sentido. Quiere que yo sea su principio y su fin, su maldita musa, su juego de desear y poseer, de tomarme como si fuera una cosa, una bella cosa que él quiere para sí.

Se siente desesperado porque no logra que le ruegue, lo veo en su mirada, se sulfura, tuerce los labios, se muerde hasta sangrar. Parece un perro rabioso. Con su otra mano hace el gesto de golpearme. La levanta por sobre nuestras cabezas y yo tengo mis brazos extendidos a lo largo de la cama. Ni siquiera hago el gesto de levantarlos para defenderme, pero no me pega. Se queda con el puño tenso en lo alto y con los ojos muy abiertos mirándome con furia. No, no desisto, quiero morir ahora y que sea su culpa, todita su culpa. Le cargaré en su tosca y embrutecida mano la culpa de hacerme perder la vida, asesinada. Cuando esté muerta, lo primero que haré será ir a ver a su madre cuando se lo cuente la policía. Quiero ver si ahora va a defender a su hijito. Quiero ver la cara que va a poner cuando sepa que su hijo es un asesino. Mátame maldito, tengo la mandíbula en una tensión casi insoportable.

Baja la mano y de alguna parte saca un arma, tiembla entero mientras lo hace. Mejor si me mete una bala. Harta sangre repartida por el piso, harto drama. Ya lo veo, todo ensangrentado de mí y mis sesos repartidos por su ropa, la cama, la alfombra donde hacíamos el amor cuando todo comenzaba, cuando éramos felices. Maldito, quiero me meta esa bala de una vez. Jala el gatillo imbécil. ¿Acaso no sabes usar la maldita pistola? Ni para eso sirves, ya ni siquiera aprieta tanto mi garganta, un leve ingreso de aire y me dan ganas de toser. ¡No! ¡No quiero ceder! ¡Aprieta maldito! ¡Mátame de una vez!

Está nervioso, me apunta directo a la sien, para verme a los ojos. Quiere que me asuste y se da cuenta que no lo logra. ¿Cree que voy a cerrar los ojos? Lo miro fijo y fría, como él se merece, fría, fría, fría, fría, como un maldito témpano.

Está más desesperado que yo, lo sé. Ahora sí que me mata. Ahora sí que me revienta los sesos. Tiembla su mano y su sudor me cae en la cara. Siento asco. Más furia aún, maldito cerdo ¿Qué te pasa que no aprietas el maldito gatillo? ¿Te pensaste que caería alguna lágrima? ¿Qué iba a llorar por ti, por mi vida, por nosotros? ¿Acaso no sabes que ya lo mataste todo? ¿Acaso no sabes que tú eres un muerto para mí? ¿Qué yo ya me morí? ¿Qué ya me mataste hace tiempo? Eres tan imbécil que ni de eso eres capaz de darte cuenta. Ahí, con tu cara sebosa  goteándome encima, ¡Qué asco!  La furia me consume y ya no aguanto más. Siento que mi cuerpo se sacude involuntariamente. Maldición, detesto lo involuntario. Siempre odié hasta los estornudos, el hipo, prefería la tos, cualquier cosa, pero ahora esto, va a creer que ganó, miserable. No puedo parar de temblar, mi cuerpo se sacude sin control. Gira el arma y la lleva a su sien derecha. Lo estoy viendo, maldito, no te mat…el disparo me deja sorda.  Cae con todo su peso sobre mí, la sangre comienza a derramarse sobre mi cara, mi boca, que asco. No puedo respirar.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. low
    May 27, 2014 @ 20:08:03

    bello!

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